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Sueños de Nueva York
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"Quién sabe con quién soñaré hoy", escribía Fernando Verdasco la noche antes enfrentarse a David Ferrer en los octavos de final del US Open. "Estaba tan cansado que no me acuerdo ni de lo que he soñado. Me costó dormirme porque tardé en hacer la digestión después de la cena y aún me pesaba la adrenalina, pero luego he descansado como un bebé hasta las doce de la mañana", le dijo a EL MUNDO durante una entrevista al día siguiente de derrotar en duelo memorable al alicantino tras remontar dos sets en contra.
Con quién sueña Verdasco estos días no lo sabe ni él, pero lo importante no es con quién si no con qué, y eso, aunque no se acuerde, aunque su memoria le proteja, está más claro. Verdasco sueña con ganar su primer grande, su primer US Open. Sí, en Nueva York. No en París o Londres. El público estadounidense le adora. "La gente cada vez sabe más que entreno en Las Vegas y que me aconseja Agassi. Me siente más próximo. Ésta es como mi segunda casa. Y también hay quien se identifica con mi estilo de juego. Aquí gusta el jugador agresivo, que saca bien y toca fuerte la pelota", explica. "Éste es el primer torneo de Grand Slam en el que logré entrar en el cuadro final", continúa. "Me motiva y me siento cómodo aquí. Nueva York es una ciudad estresante en la que hay que tomarse mucho tiempo para casi todo. No viviría en Manhattan, pero está bien pasar dos o tres semanas al año".
Pues en Nueva York se mide esta noche (madrugada en España) al número uno del mundo, a Rafael Nadal, a quien nunca ha derrotado en los diez emparejamientos previos sobre todas las superficies posibles. Nunca lo ha hecho en la de Flushing Meadows, pero no será muy distinto. "Desde mi punto de vista", analiza, "saco mejor y soy más agresivo que él. Por contra, él es más fuerte mentalmente y sabe aprovechar mejor sus virtudes". ¿Le servirá de referencia la semifinal de Australia en la que llevó a Nadal al límite? "Es la única ocasión en la que hemos consumido los cinco sets", recuerda.
Aquel día perdió por eso, por la fuerza mental de su oponente, también decisiva en la final ante Federer. Con arma tan letal y con su mejor tenis del verano Nadal afronta un nuevo intento por conquistar el único 'grande' ausente aún en su vitrina. Las circunstancias no pueden presentarse más favorables. Nadal llegó a Nueva York más descansado que otros años, sin lesiones, con un juego más ajustado que nunca sobre la superficie más incómoda y sin un 'top 5' en el camino antes de la final.
EL MUNDO 9/09/2010
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