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DIETA
PARA CUANDO EL
TERMÓMETRO SUBE.
Por fin ha llegado el buen tiempo, los días largos y llenos
de luz y de
sol, de playa y de piscina, de paseos y terrazas. Puedes enterrar en
el fondo del armario abrigos y mantas, desterrar los jerseys al maletero,
colocar las botas de invierno en el lugar más recóndito del zapatero y
prepararte para sacar ropa y atuendos de verano: sandalias y
camisetas, vestidos frescos y bañadores, faldas de vuelo o camisas
de manga corta. Hay que prepararse para el calor.
Pero aunque no nos demos cuenta, de igual forma que nosotros
preparamos nuestra casa y atavíos para la estación estival, nuestro
cuerpo también se va preparando para el calor del verano. Acusa los
cambios de su entorno y se adapta para compensarlos, para funcionar
en condiciones óptimas, es decir, para que tú te sientas bien. Y en
este sentido podemos ayudar al organismo a sentirse mejor y combatir
los problemas o los posibles riesgos que conllevan las altas
temperaturas mediante algo tan sencillo y tan complicado como la dieta.
Con respecto a los riesgos, dos son los puntos sobre los que
el calor influye de forma categórica en la alimentación y los alimentos:
uno es la deshidratación y el otro las intoxicaciones. Con respecto a
la deshidratación, las altas temperaturas favorecen la perdida de agua
y por tanto de sales minerales a través de la transpiración y el sudor,
sin mencionar la influencia que pueden tener las diarreas o insolaciones
en este tema. Para compensar la pérdida de agua, se recomienda beber un
mínimo de dos litros de agua al día y aumentar el consumo de frutas y
verduras.
Las intoxicaciones también pueden convertirse en un serio
problema en épocas en que el termómetro ha decidido sobrepasar los 30
grados. Las altas temperaturas favorecen el rápido deterioro de los alimentos,
por lo que hay que tener exquisito cuidado en consumirlos muy frescos,
guardarlos en el refrigerador, fijarnos bien en el momento de comprarlos
y abstenernos de prepararlos si el producto no nos merece confianza. Merecen
mención especial en este tema por un lado las salsas y productos elaborados
a base de huevo y por otro lado los mariscos y pescados que por ser muy
perecederos deben consumirse muy frescos.
Pero volviendo a la dieta del verano, hemos indicado que el
organismo tiene dos trabajos extra frente al calor: mantener la temperatura
corporal adecuada y evitar la pérdida de agua. La forma de ayudarle en
ambos casos es a través de una dieta que contribuya a compensar estos
problemas, siempre teniendo en cuenta que el aporte nutricional y vitamínico
debe ser el mismo que en épocas invernales.
En la dieta del verano lo primero que debemos incorporar son
las frutas. Todas son recomendables sobre todo porque son una fuente de
vitaminas, pero en estos meses son especialmente recomendables, sobre
todo aquellas que tienen más agua como la sandía o el melón. Podemos consumirlas
solas, lavadas siempre cuidadosamente o prepararlas de mil formas, desde
una macedonia hasta mezcladas con nuestras hortalizas favoritas para conseguir
una exótica ensalada.
Y si hablamos de ensalada, plato por excelencia de verano,
no podemos dejar de citar a las verduras y hortalizas. Ricas también en
agua y vitaminas, además nos proporcionarán minerales que nos ayudan a
compensar los que perdemos a través del sudor. También en este caso debemos
lavarlas con agua abundante. La forma más apetecibles de prepararlas en
los meses veraniegos es en ensalada, plato que no puede faltar en la cocina
de verano. Las posibilidades son enormes, desde la tradicional de lechuga
y tomate hasta las mil combinaciones que se nos puedan ocurrir, mezcladas
con frutas, con pasta, legumbres o embutidos como el queso, el jamón de
York o el pavo; e incluso con yogurt. Además representan una forma alternativa,
original y deliciosa de comer carnes como el pollo o el pavo cocido. Otra
forma interesante de preparar las verduras y hortalizas es como cremas
frías o como gazpachos, frescos y nutritivos.
Con respecto a las carnes, es recomendable no abusar de ellas
y tomar más pescados porque aportan grasas saludables.
Por último, no podemos acabar nuestro paseo por la cocina
del verano sin mencionar el postre veraniego por excelencia: el helado.
Fresco y delicioso en cualquiera de sus sabores, es además un alimento
muy nutritivo, por lo que puede ser una opción más para terminar una comida
de verano.
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